lunes, 4 de junio de 2007

Trote sentado


De los distintos pasos del caballo, todos los cuales se presentan en las competencias de adiestramiento, tal vez el más difícil para el jinete es el trote sentado. Esto quiere decir que el caballo trota y tú no te levantas de la montura en cada segundo bote, lo cual sería el trote levantado--ahorrándote la mitad de los golpes en las sentaderas. Con cada paso del caballo al trote, botas.

Como si fuera poco, los caballos entrenados en adiestramiento (un deporte equino elegantísimo) se mueven como si estuvieran sobre resortes: cada paso tiene un moviemiento hacia adelante y hacia arriba, y la parte hacia arriba se desarrolla en su máxima expresión. Se ven divinos. El único que sufre es el jinete.

Se requieren meses o años para adaptarse al trote sentado, dependiendo de la dedicación y talento del jinete, y de la resistencia de sus órganos internos. Estoy convencida de que durante mis meses de aprendizaje en México, algunos órganos cambiaron de lugar de forma permanente. Para expresarlo más coloquialmente, mi instructor de equitación me gritó un día: "¡Karen, pareces piñón en licuadora!!"

Y es que el proceso es durísimo. Primero, se aprietan los músculos abdominales para que se pueda aventar hacia adelante la pélvis con cada movimiento hacia arriba del caballo, porque si no, pierdes contacto con la montura y vas, en efecto, como piñón en licuadora. Para ser más precisa y gráfica, es una especie de relación sexual libremente flotante--le haces el amor a la montura, siguiendo sus movimientos, para no volar por los aires y aterrizar como saco de cemento.

Al mismo tiempo, te concentras en mantener los talones abajo y la piernas con un contacto firme para aminorar el golpe de tu peso sobre la espalda del caballo. Sólo los perdidamente enamorados de los caballos intentan el adiestramiento, así que el caballo toma lugar como primera prioridad en tus consideraciones. "¡Pobrecito, desde este momento me ponga a dieta!! Eso o liposucción!!"

Al final de cada sesión, duelen los músculos abdominales y los de la cara interna de los muslos. Cualquier tejido que entra en contacto con la montura queda como carne molida, y los músculos profundos se muelen contra los huesos de las caderas. Es un deporte profundamente anticonceptivo.

No obstante, los locos que nos dedicamos a este deporte en cualquier grado de dificultad no tocamos el suelo cuando caminamos después de una sesión exitosa, cuando de repente el trote sentado nos salió divino, cuando por unos fugaces momentos fuimos un solo ser jinete y caballo.

Quedamos como noviecita de pueblo: adolorida pero contenta.

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