Una receta deliciosa!
Ingredientes:
pasta penne rigate
cebolla o chalot picada
abundante ajo picado
tomate cherry o grape, en mitades
albahaca fresca u orégano
queso feta, o queso de cabra
sal y pimienta
Cocine la pasta en agua sin sal.
En aceite de olivo, sofreír la cebolla hasta que se ablande; agregar el ajo durante un minuto. Agregar el tomate y sofreír para soltar lo dulce del tomate. Agregar la pasta y un poco del líquido de su cocción. Salpimentar, agregar el albahaca u orégano, y servir con el queso de cabra encima. Riquísimo!
sábado, 6 de marzo de 2010
domingo, 28 de febrero de 2010
El peligro de la estupidez voluntaria
Sendos libros escritos por pensadores norteamericanos lamentan no sólo el declive en el conocimiento general de la población, sino más aún, la adopción de actitudes que activamente rechazan el conocimiento: léase, los vociferantes participantes en el movimiento Tea Party. No es la primera vez que esto ha sucedido en EU, pero con la tecnología actual, las huestes de la estupidez voluntaria alzan una voz que se propaga más fácilmente. Es irónico que estos especímenes distribuyen su "mensaje" mediante instrumentos que son el resultado de un profundo conocimiento científico y la investigación tecnológica.
El rechazo del conocimiento y de la necesidad de indagar en el mundo que habitamos, en mi opinión, es siempre la consecuencia del sufrimiento psicológico: la rabia ante un mundo que nos confunde, el dolor de saber que hemos fallado en cosas muy importantes, el pánico que nos infunden los eventos y tendencias que no entendemos, que parecen ser la antítesis de nuestros supuestos valores y actitudes. Son esos valores y actitudes, que podríamos definir más certeramente como prejuicios y estereotipos, que se cuestionan actualmente: el matrimonio gay, el aborto, etc. Hay personas que toleran los cambios, y hay personas cuyo mundo se tambalea cuando es cuestionado. El último reducto de los empanicados es el rechazo del conocimiento y de la razón, disfrazado como un movimiento político y adornado con conceptos que parecen un parche mal hecho.
Las religiones que demandan un rechazo al conocimiento--de la historia, de la geología, de la paleontología--son aquellas que proponen una lectura literal de su biblia, como si ésta no fuera realmente una producción simplemente humana. Hay religiones que no batallan para compaginar la historia de la tierra con sus creencias, y por lo mismo no son partidarias de la ignorancia voluntaria, cuando menos en asuntos que no toquen los preceptos básicos de la existencia de un creador.
Lo terrible es que los estúpidos voluntarios son los más enojados, los más armados, los más violentos, los más inflamatorios en sus comunicaciones, y los más dispuestos a realizar actos de terrorismo doméstico como el trastornado que estrelló su avioneta en un edificio del IRS en Austin. De repente, este loco es el héroe de los igualmente locos adeptos del movimiento Tea Party, quienes rechazan toda forma de gobierno--no son ni Republicanos ni Demócratas, sino candidatos para el pabellón psiquiátrico más cercano. Como el loco estrellador dejó una diatriba escrita que echaba pestes al gobierno y al cobro de impuestos, se ha convertido en el mártir de los ignorantes voluntarios.
¿Sería menos nociva la ignorancia pasiva, supuestamente amable, de los religiosos que no hacen daño pero "piensan" que la tierra sólo tiene unos cuantos miles de años de edad? Eso depende de que si piensas que tenemos la obligación de abrir los ojos y la mente ante el asombro de la vida. Yo pienso que éticamente es nuestro deber agregar algo de conocimiento al mundo, pensar y aprender, ampliar nuestros horizontes aunque sea un poco. El que cierre su mente mediante la estupidez voluntaria eventualmente la cerrará ante otros seres humanos con necesidades o culturas distintas, ante libros que contienen propuestas diferentes, o ante los derechos de personas descalificadas en las religiones, como las mujeres.
Un estúpido voluntario es más nefasto que un simple estúpido, quien probablemente no tiene la culpa de su estupidez y tal vez no tenga la forma de remediarla. El estúpido voluntario ha rechazado lo único que podría salvar un mundo asediado por la sinrazón: el poder pensar.
El rechazo del conocimiento y de la necesidad de indagar en el mundo que habitamos, en mi opinión, es siempre la consecuencia del sufrimiento psicológico: la rabia ante un mundo que nos confunde, el dolor de saber que hemos fallado en cosas muy importantes, el pánico que nos infunden los eventos y tendencias que no entendemos, que parecen ser la antítesis de nuestros supuestos valores y actitudes. Son esos valores y actitudes, que podríamos definir más certeramente como prejuicios y estereotipos, que se cuestionan actualmente: el matrimonio gay, el aborto, etc. Hay personas que toleran los cambios, y hay personas cuyo mundo se tambalea cuando es cuestionado. El último reducto de los empanicados es el rechazo del conocimiento y de la razón, disfrazado como un movimiento político y adornado con conceptos que parecen un parche mal hecho.
Las religiones que demandan un rechazo al conocimiento--de la historia, de la geología, de la paleontología--son aquellas que proponen una lectura literal de su biblia, como si ésta no fuera realmente una producción simplemente humana. Hay religiones que no batallan para compaginar la historia de la tierra con sus creencias, y por lo mismo no son partidarias de la ignorancia voluntaria, cuando menos en asuntos que no toquen los preceptos básicos de la existencia de un creador.
Lo terrible es que los estúpidos voluntarios son los más enojados, los más armados, los más violentos, los más inflamatorios en sus comunicaciones, y los más dispuestos a realizar actos de terrorismo doméstico como el trastornado que estrelló su avioneta en un edificio del IRS en Austin. De repente, este loco es el héroe de los igualmente locos adeptos del movimiento Tea Party, quienes rechazan toda forma de gobierno--no son ni Republicanos ni Demócratas, sino candidatos para el pabellón psiquiátrico más cercano. Como el loco estrellador dejó una diatriba escrita que echaba pestes al gobierno y al cobro de impuestos, se ha convertido en el mártir de los ignorantes voluntarios.
¿Sería menos nociva la ignorancia pasiva, supuestamente amable, de los religiosos que no hacen daño pero "piensan" que la tierra sólo tiene unos cuantos miles de años de edad? Eso depende de que si piensas que tenemos la obligación de abrir los ojos y la mente ante el asombro de la vida. Yo pienso que éticamente es nuestro deber agregar algo de conocimiento al mundo, pensar y aprender, ampliar nuestros horizontes aunque sea un poco. El que cierre su mente mediante la estupidez voluntaria eventualmente la cerrará ante otros seres humanos con necesidades o culturas distintas, ante libros que contienen propuestas diferentes, o ante los derechos de personas descalificadas en las religiones, como las mujeres.
Un estúpido voluntario es más nefasto que un simple estúpido, quien probablemente no tiene la culpa de su estupidez y tal vez no tenga la forma de remediarla. El estúpido voluntario ha rechazado lo único que podría salvar un mundo asediado por la sinrazón: el poder pensar.
jueves, 25 de febrero de 2010
La falta de resignación
Durante mucho tiempo, pensé que la mejor estrategia ante la fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica era una especie de lucha--haciendo ejercicio (que sí ayuda), omitiendo hablar de la enfermedad con los demás para que no la tomaran en cuenta, etc.
Duró poco esa forma de manejar la situación porque una vez tras otra, fue necesario cancelar cenas, cambiar viajes, no asistir a eventos familiares, todo debido a mi pésimo estado físico, los dolores de cabeza mortales, y una fatiga de muerte. Llegó a tal grado que el dolor corproral realmente era lo de menos--cuando menos, en comparación con las migrañas y la fatiga. Decidí que era una soberana estupidez intentar hacer caso omiso, públicamente, de la fibromialgia, y ahora todo mundo sabe que la tengo.
Luego me di cuenta de que el peor aspecto de este mal tal vez no sea el mal en sí--no lo puedo asegurar, sin embargo, porque no sé qué tan severo se va a poner en el futuro--sino la esperanza que nace cada vez que sale un nuevo medicamento que me cura la fatiga durante varios meses, y luego deja de funcionar. Primero fue la amiltriptilina, que me permitía dormir bien pero que con el transcurso de las semanas deja de tener efecto porque el cuerpo se habitúa a la dosis. O le subes la dosis o te conformas. Opté por conformarme.
Salió la pregabalina, Lyrica, que quitó la mayor parte de los dolores del cuerpo y me ayudó a dormir un poco mejor también. (Los que tenemos fibromialgia dormimos endemoniadamente mal.) Pero también me acostumbré a la dosis, aunque sigo usando el medicamento.
La siguiente dosis de alivio llegó con el Plaquenil, un anti-palúdico que aumenta el sistema inmunológico. Me sentía como nunca, como no me había sentido en 20 años; no tuve que aumentar la dosis ni perdía su efecto. Sólo que descubrí, después de meses de sentirme mal del intestino, que Plaquenil tiene un efecto secundario digestivo, mismo que me estaba haciendo sentir tan mal que no lograba funcionar de día a día. He tenido que abandonar la medicina, y ya me siento formidable en cuanto a la digestión, y de la fregada en todas las demás áreas.
Hay un nuevo tratamiento en EU que no tarda en llegar acá, que no tiene efectos secundarios de consecuencia, pero como todos los tratamientos para la fibromialgia, nadie sabe por qué o cómo funciona. Es imposible ya que nadie sabe qué es la fibromialgia realmente ni qué la causa. Ese sí que es el colmo de vivir en la duda! No saben exactamente qué tengo excepto que tiene ciertos síntomas, nadie sabe a ciencia cierta qué provoca la fibromialgia, y nadie sabe por qué los tratamientos jalan!! Llámenme Karen la Conejilla, porque no me queda más que elegir seguir los tratamientos con la esperanza, esa cosa que muere al último, de que eventualmente me voy a sentir bien. Mientras tanto, me estoy colgando ajos para ver si ahuyento a la depresión terminal.
Duró poco esa forma de manejar la situación porque una vez tras otra, fue necesario cancelar cenas, cambiar viajes, no asistir a eventos familiares, todo debido a mi pésimo estado físico, los dolores de cabeza mortales, y una fatiga de muerte. Llegó a tal grado que el dolor corproral realmente era lo de menos--cuando menos, en comparación con las migrañas y la fatiga. Decidí que era una soberana estupidez intentar hacer caso omiso, públicamente, de la fibromialgia, y ahora todo mundo sabe que la tengo.
Luego me di cuenta de que el peor aspecto de este mal tal vez no sea el mal en sí--no lo puedo asegurar, sin embargo, porque no sé qué tan severo se va a poner en el futuro--sino la esperanza que nace cada vez que sale un nuevo medicamento que me cura la fatiga durante varios meses, y luego deja de funcionar. Primero fue la amiltriptilina, que me permitía dormir bien pero que con el transcurso de las semanas deja de tener efecto porque el cuerpo se habitúa a la dosis. O le subes la dosis o te conformas. Opté por conformarme.
Salió la pregabalina, Lyrica, que quitó la mayor parte de los dolores del cuerpo y me ayudó a dormir un poco mejor también. (Los que tenemos fibromialgia dormimos endemoniadamente mal.) Pero también me acostumbré a la dosis, aunque sigo usando el medicamento.
La siguiente dosis de alivio llegó con el Plaquenil, un anti-palúdico que aumenta el sistema inmunológico. Me sentía como nunca, como no me había sentido en 20 años; no tuve que aumentar la dosis ni perdía su efecto. Sólo que descubrí, después de meses de sentirme mal del intestino, que Plaquenil tiene un efecto secundario digestivo, mismo que me estaba haciendo sentir tan mal que no lograba funcionar de día a día. He tenido que abandonar la medicina, y ya me siento formidable en cuanto a la digestión, y de la fregada en todas las demás áreas.
Hay un nuevo tratamiento en EU que no tarda en llegar acá, que no tiene efectos secundarios de consecuencia, pero como todos los tratamientos para la fibromialgia, nadie sabe por qué o cómo funciona. Es imposible ya que nadie sabe qué es la fibromialgia realmente ni qué la causa. Ese sí que es el colmo de vivir en la duda! No saben exactamente qué tengo excepto que tiene ciertos síntomas, nadie sabe a ciencia cierta qué provoca la fibromialgia, y nadie sabe por qué los tratamientos jalan!! Llámenme Karen la Conejilla, porque no me queda más que elegir seguir los tratamientos con la esperanza, esa cosa que muere al último, de que eventualmente me voy a sentir bien. Mientras tanto, me estoy colgando ajos para ver si ahuyento a la depresión terminal.
miércoles, 24 de febrero de 2010
Bueno pues, en lo que es al menos un artículo...
Dios nos libre del deterioro galopante del idioma castellano en los medios televisivos. Si a algunos corresponsales se les pudiera eliminar el uso de "bueno pues", habría un enorme, y bendito, silencio en la pantalla. Una nota que tal merezca dos o tres minutos de un resumen competente se logra alargar hasta el fin de los tiempos mediante el diluvio de "bueno pues".
En Monterrey, una de las chicas que anuncia el clima (algo que se podría hacer en unos diez segundos)--por cierto, a estas chicas las viste su peor enemigo, o si no es eso, será que se han escapado de un table--llena los huecos cerebrales con una catarata de "al menos", con el resultado de que entre frase y frase tiene que jalar aire como si le hubieran dado un guamazo al estómago. La ropa que usan estas pobres "estrellas" del clima quita el aliento; parece salida de un pulga de mala muerte, y sin duda es el aspecto más interesante del reporte climático.
Pero el colmo es "en lo que es...". No es necesario decir "en lo que es la calle Zaragoza", carajo!
Nada más digan "la calle Zaragoza" y déjenos descansar de tanto aire caliente inútil, de tanta sofisticación idiomática falsa, y llenen el espacio de las noticias con...bueno pues...noticias!
En Monterrey, una de las chicas que anuncia el clima (algo que se podría hacer en unos diez segundos)--por cierto, a estas chicas las viste su peor enemigo, o si no es eso, será que se han escapado de un table--llena los huecos cerebrales con una catarata de "al menos", con el resultado de que entre frase y frase tiene que jalar aire como si le hubieran dado un guamazo al estómago. La ropa que usan estas pobres "estrellas" del clima quita el aliento; parece salida de un pulga de mala muerte, y sin duda es el aspecto más interesante del reporte climático.
Pero el colmo es "en lo que es...". No es necesario decir "en lo que es la calle Zaragoza", carajo!
Nada más digan "la calle Zaragoza" y déjenos descansar de tanto aire caliente inútil, de tanta sofisticación idiomática falsa, y llenen el espacio de las noticias con...bueno pues...noticias!
lunes, 18 de enero de 2010
Stupidity is an equal opportunity employer
Si han estado siguiendo la supuesta controversia sobre los matrimonios gay y la adopción de niños por estas parejas en el D.F., sepan que lo único que no predomina es la información.
Por una parte, se ha visto en algunos estudios (son pocos los que se han realizado) que los niños que crecen con una pareja gay se identifican con el género que corresponde a su identidad biológica; por otro lado, estos niños suelen ser más tolerantes ante las diferencias de los demás--y si algo hace falta en el mundo actual, es la tolerancia.
Pero dejemos a un lado esto, porque nadie se ha molestado en buscar datos fidedignos. Los clérigos están al borde de una crisis de nervios gracias a las nuevas disposiciones en el D.F., y hacen todo menos buscar datos. Por un lado, su desinformación llega a un grado apabullante porque no distinguen entre la homosexualidad y la pederastia--un confusión nada sorprendente considerando la larga, larga historia de la iglesia católica con la pederastia y sus esfuerzos por "reformar" a los sacerdotes pederastas. Ese especímen, Marcial Maciel, es un excelente ejemplo de la ceguera selectiva de las autoridades eclesiásticas a costas de quién sabe cuántos niños traumados de por vida por esta alimaña.
Lo más sorprendente para mí es la aseveración de que las bodas gay afectan al instituto de la familia y los valores familiares. ¿Qué quiere decir esto? ¿Voy a deshacer mi matrimonio o mi familia porque una pareja de homosexuales se casa en el D.F.? ¿Me voy a ver tentada a fugarme con una amiga? En cuanto a los valores familiares, ¿cuáles? ¿Los que dicen, según la iglesia católica y muchas iglesias protestantes, que el jefe de la familia es el hombre y todos los demás acatarán sus órdenes? ¿El valor que dice que una sarta de eunucos--léase sacerdotes--que jamás ha sabido lo que es vivir en pareja o cuidar y amar a un hijo me dirá cuándo y cómo daré a luz? ¿Los valores familiares patriarcales que promueven todavía en todo el mundo la nulificación de la mujer como ser humano?
¿O serán los valores de amor, de cuidarse mutuamente, de promover el bien de los hijos, de estructurar una familia estable y abrigadora que permite el mayor desarrollo y protección de todos sus integrantes? Porque si es así, eso es precisamente lo que buscan las parejas gay que deciden comprometerse con esos valores a la luz pública, casándose. Muchísimos lo hacen ya en la vida cotidiana pero no cuentan con la protección legal del instituto del matrimonio que se encarga de reconocer la validez del compromiso. ¿Cómo atenta contra la familia que dos personas se comprometan a favor de los valores mencionados?
¿O será que el asunto está en otro lado? La iglesia se ha establecido como la única fuente de verdad, y los que han comprado ese cuento, al hacerlo, atribuyen a la iglesia un poder enorme. Esta dinámica--la iglesia como poseedora de la verdad, y los creyentes que la sostienen en esta postura--se ve amenazado cuando una autoridad social toma una determinación diferente, misma que en efecto desmiente que la iglesia tiene--o merece tener--el poder que intenta ejercer. No es realmente el asunto de los matrimonios gay lo que tiene a los clérigos con las pantaletas hechas nudo, sino la posibilidad de que un concepto de la viejísima línea oficial pueda derrumbarse en el D.F., lo cual exhibe que el poder de la iglesia descansa sólo y únicamente sobre la base de la creencia popular. Desde el momento en que la gente cuestione si la iglesia realmente posee la verdad, las paredes del Vaticano comienzan a agrietarse.
Lo que temen no es que dos personas del mismo sexo se casen; les da pánico la posibilidad de perder su poder.
Por una parte, se ha visto en algunos estudios (son pocos los que se han realizado) que los niños que crecen con una pareja gay se identifican con el género que corresponde a su identidad biológica; por otro lado, estos niños suelen ser más tolerantes ante las diferencias de los demás--y si algo hace falta en el mundo actual, es la tolerancia.
Pero dejemos a un lado esto, porque nadie se ha molestado en buscar datos fidedignos. Los clérigos están al borde de una crisis de nervios gracias a las nuevas disposiciones en el D.F., y hacen todo menos buscar datos. Por un lado, su desinformación llega a un grado apabullante porque no distinguen entre la homosexualidad y la pederastia--un confusión nada sorprendente considerando la larga, larga historia de la iglesia católica con la pederastia y sus esfuerzos por "reformar" a los sacerdotes pederastas. Ese especímen, Marcial Maciel, es un excelente ejemplo de la ceguera selectiva de las autoridades eclesiásticas a costas de quién sabe cuántos niños traumados de por vida por esta alimaña.
Lo más sorprendente para mí es la aseveración de que las bodas gay afectan al instituto de la familia y los valores familiares. ¿Qué quiere decir esto? ¿Voy a deshacer mi matrimonio o mi familia porque una pareja de homosexuales se casa en el D.F.? ¿Me voy a ver tentada a fugarme con una amiga? En cuanto a los valores familiares, ¿cuáles? ¿Los que dicen, según la iglesia católica y muchas iglesias protestantes, que el jefe de la familia es el hombre y todos los demás acatarán sus órdenes? ¿El valor que dice que una sarta de eunucos--léase sacerdotes--que jamás ha sabido lo que es vivir en pareja o cuidar y amar a un hijo me dirá cuándo y cómo daré a luz? ¿Los valores familiares patriarcales que promueven todavía en todo el mundo la nulificación de la mujer como ser humano?
¿O serán los valores de amor, de cuidarse mutuamente, de promover el bien de los hijos, de estructurar una familia estable y abrigadora que permite el mayor desarrollo y protección de todos sus integrantes? Porque si es así, eso es precisamente lo que buscan las parejas gay que deciden comprometerse con esos valores a la luz pública, casándose. Muchísimos lo hacen ya en la vida cotidiana pero no cuentan con la protección legal del instituto del matrimonio que se encarga de reconocer la validez del compromiso. ¿Cómo atenta contra la familia que dos personas se comprometan a favor de los valores mencionados?
¿O será que el asunto está en otro lado? La iglesia se ha establecido como la única fuente de verdad, y los que han comprado ese cuento, al hacerlo, atribuyen a la iglesia un poder enorme. Esta dinámica--la iglesia como poseedora de la verdad, y los creyentes que la sostienen en esta postura--se ve amenazado cuando una autoridad social toma una determinación diferente, misma que en efecto desmiente que la iglesia tiene--o merece tener--el poder que intenta ejercer. No es realmente el asunto de los matrimonios gay lo que tiene a los clérigos con las pantaletas hechas nudo, sino la posibilidad de que un concepto de la viejísima línea oficial pueda derrumbarse en el D.F., lo cual exhibe que el poder de la iglesia descansa sólo y únicamente sobre la base de la creencia popular. Desde el momento en que la gente cuestione si la iglesia realmente posee la verdad, las paredes del Vaticano comienzan a agrietarse.
Lo que temen no es que dos personas del mismo sexo se casen; les da pánico la posibilidad de perder su poder.
El verdadero motivo...
Las razones que di para haber dejado de escribir en El Norte son verdaderas: cansancio, hartazgo con la carga de negatividad en las noticias, la falta de seguridad hoy en día cuando no sabes cuáles callos estás pisando (¡o sí sabes!), y ciertas presiones de tiempo en ese momento. Además, no me parecía ético estar escribiendo solamente para cobrar un cheque cuando la calidad de lo que escribía decaía.
Pero hubo otro motivo. El sesgo en la forma en que se escriben los encabezados es evidente: el esfuerzo siempre está dirigido hacia el intento de atribuir algo turbio o mal hecho, no importa qué tan engañoso sea el encabezado, no importa el sesgo que se le tiene que dar para que el lector, si se lleva sólo esa parte del periódico, piense mal de algo o de todo.
Un motivo de peso es la paranoia mexicana que de inmediato sospecha de "mano negra" o "arreglo tamaleado" cuando alguien tiene algo positivo que decir. No sé si son décadas de priísmo que han enseñado al mexicano a renegar hasta de haber nacido, de ver conjuras detrás de cualquier comentario o evento, o qué cosa. Pero no hay duda de que semejante condición mental de suspicacia terminal predomina en el medio periodístico. Una vez que escribí algo positivo sobre la Ciudad del Conocimiento, un compañero me advirtió que no me fuera con la finta (aunque no pude definir la finta) porque quién sabe, porque sepa la bola, porque a lo mejor...
Los que leen la página editorial saben que las malas noticias abundan y los problemas son atacados con ahínco, y en parte es la función del editorialista--opinar. Pero más vale que tu opinión sea negativa, mis estimados, porque la única opinión valedera es ésa. Hace tiempo osé escribir alabando la labor de Alejandro Páez como Secretario del Desarrollo Económico, porque en aquel entonces y en éste, me parece que hizo un trabajo estupendo. Los "powers that be" en El Norte me informaron que el artículo parecía un infomercial a favor de Páez. Si yo hubiera escrito mentándole la madre, la abuela, y la tatarabuela, apuesto el pellejo que lo habrían publicado. La negatividad vende periódicos, vende noticieros en televisión, y ayuda a alimentar la apabullante ignorancia del "man in the street", ese mismo que con tanta sabiduría oculta votó por en engendro de Madedito y el cero a la izquierda de Rodriguito Medinita. Con una recua de políticos que piensan que las fiestas navideñas son el momento para suspender las acciones anti-alcohol--es una forma solapada de control de natalidad...okay, no tanto control de natalidad como control de supervivencia de los ya nacidos...y se rehúsan a obligar a los dueños de carros a someterlos al examen anti-contaminante (¡puta, otro método de control de supervivencia, no me daba cuenta!), tener a una persona como Alejandro Páez al frente del desarrollo económico de Nuevo León fue maravilloso. Alejandro Páez no necesita trabajar como funcionario, no necesita el dinero, y seguramente no necesita la casi mítica molestia de hacerlo. Ah, pero aguas y digas algo bueno acerca de un político...hombre, como si fuera un evento tan cotidiano. Porque entonces son infomerciales.
Vivan los infomerciales. Adiós al periodismo. Hay muchas formas de venderse. No todas se pagan con dinero.
Pero hubo otro motivo. El sesgo en la forma en que se escriben los encabezados es evidente: el esfuerzo siempre está dirigido hacia el intento de atribuir algo turbio o mal hecho, no importa qué tan engañoso sea el encabezado, no importa el sesgo que se le tiene que dar para que el lector, si se lleva sólo esa parte del periódico, piense mal de algo o de todo.
Un motivo de peso es la paranoia mexicana que de inmediato sospecha de "mano negra" o "arreglo tamaleado" cuando alguien tiene algo positivo que decir. No sé si son décadas de priísmo que han enseñado al mexicano a renegar hasta de haber nacido, de ver conjuras detrás de cualquier comentario o evento, o qué cosa. Pero no hay duda de que semejante condición mental de suspicacia terminal predomina en el medio periodístico. Una vez que escribí algo positivo sobre la Ciudad del Conocimiento, un compañero me advirtió que no me fuera con la finta (aunque no pude definir la finta) porque quién sabe, porque sepa la bola, porque a lo mejor...
Los que leen la página editorial saben que las malas noticias abundan y los problemas son atacados con ahínco, y en parte es la función del editorialista--opinar. Pero más vale que tu opinión sea negativa, mis estimados, porque la única opinión valedera es ésa. Hace tiempo osé escribir alabando la labor de Alejandro Páez como Secretario del Desarrollo Económico, porque en aquel entonces y en éste, me parece que hizo un trabajo estupendo. Los "powers that be" en El Norte me informaron que el artículo parecía un infomercial a favor de Páez. Si yo hubiera escrito mentándole la madre, la abuela, y la tatarabuela, apuesto el pellejo que lo habrían publicado. La negatividad vende periódicos, vende noticieros en televisión, y ayuda a alimentar la apabullante ignorancia del "man in the street", ese mismo que con tanta sabiduría oculta votó por en engendro de Madedito y el cero a la izquierda de Rodriguito Medinita. Con una recua de políticos que piensan que las fiestas navideñas son el momento para suspender las acciones anti-alcohol--es una forma solapada de control de natalidad...okay, no tanto control de natalidad como control de supervivencia de los ya nacidos...y se rehúsan a obligar a los dueños de carros a someterlos al examen anti-contaminante (¡puta, otro método de control de supervivencia, no me daba cuenta!), tener a una persona como Alejandro Páez al frente del desarrollo económico de Nuevo León fue maravilloso. Alejandro Páez no necesita trabajar como funcionario, no necesita el dinero, y seguramente no necesita la casi mítica molestia de hacerlo. Ah, pero aguas y digas algo bueno acerca de un político...hombre, como si fuera un evento tan cotidiano. Porque entonces son infomerciales.
Vivan los infomerciales. Adiós al periodismo. Hay muchas formas de venderse. No todas se pagan con dinero.
Historia de una denuncia
Hace unos meses, recibí la petición de mi amigo Luís Eduardo Villarreal, fundador del refugio para migrantes Casanicolás, para atender a dos hermanas centroamericanas que habían sido violadas en el sur de México. El camino desde la frontera sur hasta cuando menos el D.F. es una pesadilla de robos, matanzas, violaciones, y trata de personas.
En este caso, ya había indicado a Luís que llevara a las dos mujeres a un centro de salud para ver si se habían contagiado con una enfermedad de transmisión sexual. No supe el desenlace en cuanto a VIH porque las hermanas siguieron su camino rumbo a Estados Unidos, y ya no tuve noticias de ellas.
Cuando fui a hablar con ellas, su historia fue un horror más allá de lo que la mayoría de nosotros nos parece posible en México. Fueron bajadas del tren desde Tapachula con otras personas y violadas tanto vaginal como analmente. Una de las hermanas sufrió desgarramiento de los tejidos anales y siguió el resto de su viaje con un dolor terrible. Ellas hicieron lo que hacen todos los migrantes centroamericanos: se levantan y siguen hacia el norte. Los violadores no se limitan a violar a mujeres tampoco; según las hermanas, se sabe de algunos violadores contagiados de VIH que se dedican a esparcir su mal a hombres y mujeres por igual, y siempre a la fuerza. Este saber puede o no ser válido; como los migrantes de Centroamérica, al igual que los migrantes mexicanos de las áreas rurales, se sienten solos, desamparados, odiados, y a veces desesperanzados, no es raro que acepten prostituirse con tal de poder comer otro día más. Se contagian de VIH y otras enfermedades, pero al regresar a sus hogares--si es que regresan--no hablan de sus actividades sexuales en el extranjero y proceden a contagiar a su vez a sus parejas mexicanas o centroamericanas. No es posible realmente llegar a una conclusión acerca de esta "leyenda urbana", o en este caso, leyenda rural, pero dado el salvajismo que reina en todo el trayecto desde la frontera sur hasta el D.F., no me sorprendería que fuera cierta.
El desgarrador relato de las hermanas, más varias otras historias que he escuchado durante los últimos dos años de parte de los migrantes, hizo que regresara a la casa enfurecida. Sin creer que serviría de nada, me metí a la página web de la Presidencia de México y escribí un mail lleno de la furia que sentía.
Pasaron las semanas, y comenzaron a llegarme e-mails y correo no virtual: que alguien había tomado nota de lo que escribí, por ejemplo. El día de hoy recibí una carta más desde el Gobierno Federal (específicamente, de la Secretaría de Seguridad Pública, Lic. Daniel Tello, Secretario Técnico) avisando que mi solicitud (número 006448) fue turnado a la Oficina del Comisionado General de la Policía Federal "para su análisis y atención correspondiente".
Tengo que confesar que no sé realmente lo que ello significa. Una de las réplicas hace meses me informó en detalle sobre todos los datos necesarios para levantar una denuncia formal en el caso de las hermanas. Esta respuesta me inspiró a disparar de nuevo, esta vez explicando que el problema no es asunto de este caso en particular, sino de toda la red de delincuencia y criminalidad que infesta el país y que se dedica a explotar, robar, y ultrajar a los indefensos migrantes. Desde Tapachula donde toman el tren que llaman "La Bestia" o al cruzar Chiapas donde tal vez tengan más éxito evadiendo "la migra" mexicana, los migrantes mueren. El primer robo suele suceder literalmente al cruzar desde Belice, en las orillas del río. ¿Cómo puede México compadecerse de los migrantes mexicanos cuando todo el sur del país es un infierno que mastica y escupe a los migrantes centroamericanos por decenas y decenas de miles?
No abrigo muchas esperanzas. Me han turnado mi denuncia una y otra vez; no tarda el país en desarrollar el mismo resentimiento ante los centroamericanos que nos guardan los gringos allá, ya que trabajan ilegalmente por mucho menos, algunos recurren a la delincuencia, y vienen y van por México siendo extorsionados a cada paso, en cada momento, en cada pueblo. El mismo estilo de vida del migrante provoca trastornos emocionales, endurecimiento, depresión y síndrome de estrés postraumático. Los que ya tenían algún padecimiento psiquiátrico se enloquecen. Pero cuando la única otra opción es morir de hambre, se arriesgan una y otra vez.
Mi denuncia, entre el éter virtual y la burocracia, probablemente morirá, también, una y otra vez.
En este caso, ya había indicado a Luís que llevara a las dos mujeres a un centro de salud para ver si se habían contagiado con una enfermedad de transmisión sexual. No supe el desenlace en cuanto a VIH porque las hermanas siguieron su camino rumbo a Estados Unidos, y ya no tuve noticias de ellas.
Cuando fui a hablar con ellas, su historia fue un horror más allá de lo que la mayoría de nosotros nos parece posible en México. Fueron bajadas del tren desde Tapachula con otras personas y violadas tanto vaginal como analmente. Una de las hermanas sufrió desgarramiento de los tejidos anales y siguió el resto de su viaje con un dolor terrible. Ellas hicieron lo que hacen todos los migrantes centroamericanos: se levantan y siguen hacia el norte. Los violadores no se limitan a violar a mujeres tampoco; según las hermanas, se sabe de algunos violadores contagiados de VIH que se dedican a esparcir su mal a hombres y mujeres por igual, y siempre a la fuerza. Este saber puede o no ser válido; como los migrantes de Centroamérica, al igual que los migrantes mexicanos de las áreas rurales, se sienten solos, desamparados, odiados, y a veces desesperanzados, no es raro que acepten prostituirse con tal de poder comer otro día más. Se contagian de VIH y otras enfermedades, pero al regresar a sus hogares--si es que regresan--no hablan de sus actividades sexuales en el extranjero y proceden a contagiar a su vez a sus parejas mexicanas o centroamericanas. No es posible realmente llegar a una conclusión acerca de esta "leyenda urbana", o en este caso, leyenda rural, pero dado el salvajismo que reina en todo el trayecto desde la frontera sur hasta el D.F., no me sorprendería que fuera cierta.
El desgarrador relato de las hermanas, más varias otras historias que he escuchado durante los últimos dos años de parte de los migrantes, hizo que regresara a la casa enfurecida. Sin creer que serviría de nada, me metí a la página web de la Presidencia de México y escribí un mail lleno de la furia que sentía.
Pasaron las semanas, y comenzaron a llegarme e-mails y correo no virtual: que alguien había tomado nota de lo que escribí, por ejemplo. El día de hoy recibí una carta más desde el Gobierno Federal (específicamente, de la Secretaría de Seguridad Pública, Lic. Daniel Tello, Secretario Técnico) avisando que mi solicitud (número 006448) fue turnado a la Oficina del Comisionado General de la Policía Federal "para su análisis y atención correspondiente".
Tengo que confesar que no sé realmente lo que ello significa. Una de las réplicas hace meses me informó en detalle sobre todos los datos necesarios para levantar una denuncia formal en el caso de las hermanas. Esta respuesta me inspiró a disparar de nuevo, esta vez explicando que el problema no es asunto de este caso en particular, sino de toda la red de delincuencia y criminalidad que infesta el país y que se dedica a explotar, robar, y ultrajar a los indefensos migrantes. Desde Tapachula donde toman el tren que llaman "La Bestia" o al cruzar Chiapas donde tal vez tengan más éxito evadiendo "la migra" mexicana, los migrantes mueren. El primer robo suele suceder literalmente al cruzar desde Belice, en las orillas del río. ¿Cómo puede México compadecerse de los migrantes mexicanos cuando todo el sur del país es un infierno que mastica y escupe a los migrantes centroamericanos por decenas y decenas de miles?
No abrigo muchas esperanzas. Me han turnado mi denuncia una y otra vez; no tarda el país en desarrollar el mismo resentimiento ante los centroamericanos que nos guardan los gringos allá, ya que trabajan ilegalmente por mucho menos, algunos recurren a la delincuencia, y vienen y van por México siendo extorsionados a cada paso, en cada momento, en cada pueblo. El mismo estilo de vida del migrante provoca trastornos emocionales, endurecimiento, depresión y síndrome de estrés postraumático. Los que ya tenían algún padecimiento psiquiátrico se enloquecen. Pero cuando la única otra opción es morir de hambre, se arriesgan una y otra vez.
Mi denuncia, entre el éter virtual y la burocracia, probablemente morirá, también, una y otra vez.
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